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06/10/07

Cristianos solidarios

En la visita que hicimos a Tanger y Tetuan este verano tuvimos el privilegio de conocer a tres grupos de religiosos cristianos cuya presencia en Marruecos tiene un doble valor: el del testimonio de la fe cristiana en una sociedad mayoritariamente musulmana y el del compromiso con la gente más tirada de esa sociedad.

Para entender un poco mejor esa presencia, dos datos: el arzobispado de Tanger, que atiende a la mitad norte de Marruecos, cuenta tan sólo con unos 2.000 católicos. Y, por otro lado, que en ese país no existen servicios públicos de apoyo a los colectivos más excluidos porque tampoco los hay para la gente un poco más solvente.
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A los primeros que visitamos fue a los Franciscanos de la Cruz Blanca, dos religiosos (Javier, el que nos atendió, es de Ortuella) que llevan una casa de acogida para discapacitados síquicos, un dispensario de urgencia y un programa de apoyo a niños de la calle. Precisamente el fundador de este grupo de religiosos, Isidoro Lezcano, que murió el año pasado, desarrolló parte de su labor en Tanger y uno de sus compañeros, Isidoro Macías, es el conocido como "Padre Pateras". La casa (que está situada en el centro de Tanger y se llama Casa de Nazaret) tiene un ambiente muy acogedor y la labor que realizan estos dos franciscanos y los voluntarios que les acompañan es admirable.

Después nos fuimos a ver a las monjas de Calcuta (Misioneras de la Caridad), que también son la repera. Lo mismo se apuntan a un roto que a un descosido. Cuidan niños de madres solteras (algunas de ellas, prostitutas) expulsadas de sus familias, reparten ropa a gente que no tiene nada, llevan un comedor social, visitan a presos y, ya puestos, hasta colaboran con otra gente cuando se producen emergencias como la de los subsaharianos que deportaron al desierto hace unos meses. Pero lo más llamativo es el ambiente de la casa en la que viven y donde tienen acogidas a unas cuantas mujeres y niños. Es una especie de desorden hospitalario y acogedor (las monjas no paran de sonreir) que engancha. Leed este comentario de una persona que trabajó con ellas porque merece la pena. También tenéis unas fotos de otras cooperantes. En esta casa nos atendió una monja hindú que había vivido varios años en Barcelona y se acababa de incorporar como superiora en Tanger.
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Y finalmente fuimos a Casa Riera, donde conocimos a la superiora, una monja getxotarra de 83 años, que pertenece a las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción y que también es la leche. El edificio que ocupan estas monjas es un antiguo colegio multicultural en tiempos del protectorado internacional en el que recibían formación niñas (hay un edificio gemelo que fue un antiguo colegio para niños de los Marianistas) de diversas procedencias y religiones y que ahora han reconvertido en residencia para chicas marroquíes que van a estudiar a Tanger y cuyos padres, musulmanes, consideran Casa Riera el lugar idóneo para la estancia de sus hijas. Además, estas monjas acogen a los voluntarios españoles que trabajan en los otros dos proyectos. La conversación con esta franciscana fue interesantísima ya que había vivido allí muchos años y su visión del encuentro de religiones y culturas resultaba muy sugestiva. Además, nos narró algunas acciones de apoyo a presos españoles en cárceles marroquíes (normalmente por tráfico de hachis) ciertamente escalofriantes y que recordaban a las de aquellas otras de las misiones franciscanas que se instalaron en el siglo XIII en Tanger para intermediar en la liberación de cautivos cristianos.

Si queréis tener otras referencias de gente que ha colaborado en estos proyectos podéis leer lo siguiente:

Una persona que se encontró con un grupo de voluntarios y a quien cautivó Tanger y otra que cuenta su experiencia más personal.

 (Las fotos son de la visita a Marruecos)