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20/03/09

OBJETIVO NÚMERO UNO: NINGUNA PERSONA "PARADA"

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Escribí hace algún tiempo un artículo en el que explicaba las ventajas que podría tener para una empresa plantearse como objetivo en esta fase de crisis el "mantener los puestos de trabajo". El artículo empezaba y acababa hablando de administraciones públicas, embocadillando de este modo la reflexión sobre las actuaciones en una cooperativa, que fue el modelo de empresa que escogí entonces por ser el que más se acercaba a un Estado. Hoy quisiera retomar aquellas ideas para aplicarlas al funcionamiento de una sociedad, con su gobierno y todo.

Supongamos que decidimos como objetivo social mantener todos los puestos de trabajo o, mejor dicho, conseguir que ninguna persona permanezca parada. ¿Cómo se podría plasmar eso en la práctica?
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En primer lugar, podríamos obligar a todas las empresas a hacer aquéllo que yo sugería para la cooperativa de mi ejemplo: quedarse con la plantilla y buscar ocupación a la misma, quizás no directamente productiva ante el descenso de la demanda, pero sí en labores que pudieran resultar útiles para la proyección futura de la empresa. Creo que es una opción no despreciable en los casos en que la proporción de despidos que se quiera aplicar no sea muy elevada en relación a la plantilla total. En definitiva, se trataría de forzar a las empresas a hacer lo que tienen que hacer: no gestionar el presente y obtener resultados especulativos en el corto plazo, sino preparar el futuro y apostar por proyectos que pervivan en el tiempo. Para ello podrían requerir algunas ayudas públicas con el fin de evitar que la crisis inmediata las ahogara. No sería fácil garantizar que esas ayudas fueran utilizadas sólo en casos de verdadera necesidad pero habría que intentarlo, realizando las inspecciones pertinentes que, posiblemente, obligarían a las administraciones públicas a meterse en las tripas de la gestión de las empresas de modo parecido a como las autoridades estadounidenses están investigando a los bancos rescatados. En resumen: se generaría una cultura de mantenimiento de puestos de trabajo y de responsabilidad de las empresas con su propio futuro y con el de la sociedad en su conjunto y a cambio obtendrían ayudas.

Habría otra opción. Que las propias administraciones públicas "dieran empleo" a las personas que quedaran en paro por reajustes de los mercados y de las empresas. Hemos de tener en cuenta que probablemente ciertos sectores han sobredimensionado las plantillas en los pasados años, como consecuencia de que también estaba sobredimensionada la demanda, y que ahora no tiene sentido empeñarse en consolidar dichas plantillas en los mismos sectores. Campamento 3.jpgEl caso de los coches es bastante claro: en la última década y media mucha gente ha cambiado de vehículo en plazos muy cortos, pero en este momento esa moda afortunadamente ha cambiado y posiblemente haya desaparecido para siempre (siendo siempre 10 años, por ejemplo), lo que quiere decir que ese sector se tiene que reajustar necesariamente. Por lo tanto, ahí vamos a tener un volumen de profesionales, posiblemente bien cualificados, que difícilmente puede reabsorber el propio sector y que deben incorporarse en otros ámbitos. El problema es que otros sectores tampoco están para acoger nuevos/as trabajadores/as. Por eso debe intervenir la administración pública. ¿Cómo? Pues, siguiendo el simil de la cooperativa, se me ocurren varias fórmulas. Pero antes de describirlas quisiera decir que lo que me parece inaceptable es que la gente se quede simplemente parada, sin hacer nada. Y no porque estén cobrando por pasear sino porque el sentirse útil es fundamental para el equilibrio sicológico de las personas, de las familias y de la sociedad en su conjunto.

Una de las cosas que pueden hacer las administraciones públicas es crear empresas públicas para impulsar actividades de futuro y emplear en las mismas a personas desempleadas. De paso estaríamos consolidando un sector público empresarial que nos permitiera responder a futuras crisis con mayor solvencia de lo que se está haciendo en estos momentos.
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Otra fórmula consistiría (sigo sin descubrir nada especial) en potenciar la creación de empresas por parte de las personas desempleadas aportando para ello desde la administración pública instalaciones y apoyo técnico y económico.

Otra opción sería potenciar entidades de investigación en las que puedan trabajar personas sin empleo pero con cualificación técnica. La investigación puede abarcar campos tan diversos como el estudio científico, la identificación de nuevos mercados, los sistemas de gestión o los procesos educativos.

Otra de las medidas que se debería impulsar es el reforzamiento de las entidades de acción social, que trabajan con personas en situación de exclusión, de modo que se garantice que el conjunto de la sociedad esté involucrado en la construcción del nuevo futuro.

Una última posibilidad sería ocupar a personas desempleadas en actividades de cooperación social y de cooperación al desarrollo. Estoy convencido que, incluso visto desde una perspectiva puramente económica, la inversión en solidaridad, dentro de la propia comunidad o con países empobrecidos, es muy, pero que muy rentable. Entre estas actividades podría posibilitarse la participación de la gente en el cuidado de los entornos urbanos, por ejemplo.
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Por fin, algo que tiene que intervenir seguramente en cada una de las alternativas anteriores es la formación. Es fundamental disponer de buenos (técnicamente solventes, bien orientados y flexibles) instrumentos de formación que ayuden a recualificar a personas desempleadas con el fin de que puedan adaptarse en el menor tiempo posible a sus nuevas actividades y que permitan a quienes van a entrar en los próximos años en el mercado laboral hacerlo con pie firme y aportando conocimientos y experiencias útiles. Adicionalmente, esto también añadiría un buen montón de puestos de trabajo.

En definitiva, en este momento debería estar funcionando un entramado completo, posiblemente organizado sobre la base del INEM o los institutos autonómicos de empleo, para alcanzar ese objetivo irrenunciable de que ninguna persona quede parada.

Pero, como en el ejemplo de la cooperativa, todo eso no será suficiente. Es por ello imprescindible volver a la cultura del "TRABAJAR MENOS PARA TRABAJAR TODOS/AS".

Comentarios

Eres un genio inventando soluciones, pero me temo que no te van a llamar para hacerte cargo del departamento de empleo del nuevo GV. Una lástima.

Anotado por: luisfer | 25/03/09

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